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En fin... ba bai!

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Villabona

Errebotea Villabonako artxiboan

2012-10-31
Categorías: Archivos, Villabona,

Jakin badakigu pilota dela Villabonatarren kirolik kuttunenetako bat. Errebotea bereziki, Antzinatik datorren jokua da hau, nahiz eta gaur egun beste kirol batzuen indarragatik baztertua izan. Artxiboko dokumentuen artean murgilduta, kirol honen inguruan hainbat agiri topatu dugu eta interesgarria deritzogu hauek erakustea.

Honela, pilotari erreferentzia egiten dion agiririk zaharrena 1733 urtekoa da. Akta liburu bateko erabakien artean azaltzen da “Oindokopelotalekua” izeneko aurkintza edo parajetik egurra ateratzeko baimena. Ezaguna da artzaiak eta baserritarrak mendian zeuden bitartean boteluzea izeneko pilota jokoa egiten zutela, binaka, leku zabal eta lauetan, eta sakerako harri berezi bat erabiliaz. Hortik dator Villabonako paraje horren izena.

Ia 100 urte beranduagokoa da urrengo erreferentzia, 1844 urtekoa hain zuzen. Orduan, udaletxea berreraikitzen ari ziren 1812 urteko suteak guztiz kaltetu bait zuen. Eraikuntza berri hau egitearekin batera plaza eta pilotalekuan ere berrikuntza lanak egin  ziren.

Garai hortatik aurrera izango da pilotak orokorrean eta erreboteak bereziki indar nabarmena hartuko dutela eta gure artxiboan erreferentziak ugarituko direla. Aipatu beharreko agiria da 1847 urtean Gobernadore Zibilak bidalitako agindu bat. Bertan, otsaila eta ekaina bitartean Villabonako pilotalekuan errebote partiduak jokatzea debekatzen du: “… por proporcionar ocasión a intrigas y confabulaciones al orden público…”.      

Hala ere, kirolak indarrean darrai eta 1889 urtean herritarrek frontoi egokiago baten beharra defendatzen dute udalean aurkeztutako gutun batetan: “…la conveniencia y oprtunidad de la construcción de un frontón, en estos momentos en que el juego de la pelota va adquiriendo tan notable crecimiento que no se desdeñan en asistir al hermoso  espectáculo las clases más cultas y distinguidas de la sociedad…”.

Gutun honetan, osasunaren inguruko arrazoiez gain (“…mejor medio para vigorizar el organismo individual y prestar agilidad, destreza y robustéz a los músculos, convirtiendo al jóven débil y enfermizo en fuerte, robusto y animoso…”)  ekonomikoak ere argudiatzen dira. Bai pilotarien onurarako (“…basta fijarse en las cantidades fabulosas que se están pagando a los que han conseguido adquirir algunos conocimientos en ese que hoy puede llamarse arte…”) eta baita herria eta udala berarenerako ere  (“…su realización sería productivo... ingresando, sino directamente, indirectamente en las arcas municipales por la inebitable ley económica del cambio…”).

Eta ez da gutxiagorako, Iparraldeko eta Hegoaldeko errebote pelotarien artean lehia eta txapelketa ugari ospatu bait dira Villabonan bertan. Artxiboan dugun zaharrenetako bat 1894 urteko akta liburuan jasotzen dena da, Santa Ana egunekoa. Ordundik aurrera gero eta ugariagoak izango dira pilota partidu hauek eta baita artxiboan honen inguruan dauden agiriak, baina guk bi nabarmenduko ditugu:

Lehenengoa 1949 urteko gutun bat da. Echeverry pilotariak bidaltzen du Baionatik. Egindako arrera onagatik eskertuaz eta mugaren bi aldetako errebote taldeen arteko erlazioak sakondu eta partiduak gehitzeko eskatuaz. Garai honetako da hain zuzen Villabonako elkarte zaharrenetako bat eta errebote eta beste kirol batzuen inguruan aritua dena, Behar-Zana elkartea. Hau 1946 urteko maiatzean eratu zen eta gaur egun oraindik ere haurrei pilotan erakusten eta partiduak antolatzen  jarraitzen dute.

Bigarrena 1971 urteko argazki bat da. Bertan ikusten ahal da Fagoaga, Unhassobiscay eta Irigoyen Donibane Lohitzuneko Errebote Taldeari txistulari eta guzti egindako ongietorria.

Amaitzeko esan nahi degu kirol honek, tamalez, beherakada nabarmena somatu duela hegoaldean gelditzen zitzaion azkenengo txokoan. Garai txarrak direlako, futbola inposatu delako,… auskalo! Ea hitz hauek bultzada txiki bat ematen dioten eta etxean gordetako xistera zaharrak atera eta haurrak trebatzen hasten diren.


Amagoia Piá

 

Vicente Ameztoy en Villabona

2012-06-27
Categorías: Arte, Exposiciones, Villabona,

Leyendo la maravillosa pequeña autobiografía en negro, sobre fondo gris del catálogo de la exposición Karne & Klorofila, supe que Vicente Ameztoy solía identificarse con ese animal que le correspondía según el horóscopo chino, cuya cresta-roja veía similar a su pelo-rojo. Algo ‘gallito’ debía de ser, al menos eso es lo que en ese mismo texto escribe.


Desde el 23 de mayo, cuando entré por primera vez en la sala de exposiciones en la que iba a trabajar y que se encontraba en pleno proceso de montaje, hasta hoy, penúltimo día de la muestra, he ido configurando una imagen de Vicente Ameztoy compuesta a partir de lecturas de textos y catálogos, imágenes de obra; pero sobre todo, a partir de las conversaciones que han ido llenando las horas de trabajo.


La sala presenta algunas de las piezas que normalmente habitan las paredes de Etxe-Ondo; esa gran casa del siglo XVII que durante los años setenta y ochenta, al tiempo que presenciaba la implacable transformación urbanística a su alrededor, hizo de Villabona un lugar por el que transitaron múltiples artistas. Etxe-Ondo fue un territorio, en palabras de Ameztoy, a veces mágico, otras maldito, pero siempre amado, que fue elemento fundamental en su actitud vital. A esta casa acudían personajes variados, desde Iván Zulueta o Mikel Laboa hasta vecinos del pueblo y amigos de la familia a visitar al artista y a su mujer Virginia, personas que poco a poco han ido pasando por esta sala y compartiendo conmigo infinidad de historias sobre aquél al que antes llamaba Vicente Ameztoy y ahora, como en una especie de giro emocional, llamo simplemente Vicente.


Mientras escribo estas notas aún en la sala de exposiciones rodeada de obras rara vez mostradas en los últimos años, un hombre cruza la puerta. Es la tercera vez que viene. Me cuenta, mirándome con sus ojos azules y pequeños, la comisura de los labios dibujada hacia abajo, nariz pronunciada, cómo hablaba con Vicente casi a diario, mientras mueve los dedos de sus manos, marcados por, imagino, horas y horas de trabajo en el campo. En su primera visita vimos parte del vídeo juntos, parecía conocer con exactitud cada una de las obras que ahí aparecen: en este cuadro pintó un pequeño escarabajo en la tierra… Parece ser que conocía bien a Bixente, con el que compartía cenas y comidas en la sociedad del pueblo. Dice que al artista le gustaba mucho cocinar, especialidad rape a la americana, como la de mi madre. Vio su primera exposición individual en la Galería Barandiaran de Donosti en el 67, también estuvo en Arteleku en 1990 y en el Koldo Mitxelena en el 2000, pero nunca se atrevió a confesarle la admiración por su trabajo.


La práctica de Vicente se caracteriza por una mezcla de estilos sobre los que planean figuras tan diversas como la de Magritte o los Pre-Rafaelistas. Nunca le gustó pertenecer a ningún ismo, y efectivamente creo que era un outsider al que los contrastes le interesaban enormemente. Personalmente, siento cierta admiración por su capacidad de manejarse cómodamente en distintos tipos de registros: frente a un hiperrealismo trabajado hasta el más mínimo detalle, que vemos en piezas como el cartel para el mercado de Villafranca, hasta obras en las que adquieren valor aspectos como lo sucio, lo oscuro o lo primitivo, y que ponen de manifiesto la influencia de Marcel Duchamp, de quien sé que tenía un cartel en su estudio. Su trabajo nos acerca a un mundo que aúna extremos: lo familiar con lo global, la realidad con la ficción, la noche con el día. Los años setenta fueron la década en que más obra produjo, quién sabe si estimulado por un ambiente tan políticamente complejo como socialmente revuelto, o apremiado por aquellas galerías con las que pronto dejó de trabajar. En esta muestra obtenemos algunas de las claves para interpretar aquel Euskal Herria de los setenta, fragmentaria, rota, atacada, que provocó piezas que nos hablan de la imposibilidad de representar un país. Podemos acercarnos a los momentos inmediatamente posteriores a la dictadura, a través del facsímil impreso para la exposición, donde se agrupan algunas de las portadas que Vicente publicó en 1978 para Zeruko Argia. Asimismo, cualquiera que se haya acercado hasta aquí ha podido conocer algunos de los elementos presentes en casi toda la obra de Ameztoy: la importancia de sus viajes a Marruecos y la influencia del paisaje vasco en su trabajo, reflejada directamente en esos seres mitad-humanos-mitad-vegetales a los que en 1992 dio forma tridimensional en la película Vacas.


Por lo que sus conocidos han ido relatando, Vicente debía de ser un hombre que cultivaba más los silencios que la palabra, al que le gustaba escuchar y no tanto hablar, por eso quizá siento algo tensa la entrevista que le hacen en uno de los vídeos. En ella, realizada un año antes de su muerte, el artista habla de la ermita que pintó en Remelluri, lugar en el que trabajó durante siete meses al año a lo largo de siete años. Un señor me cuenta que durante aquella época pasó mucho tiempo sin verle y cuando al fin se lo encontró le preguntó: pero ¿dónde andas Bixente? Pues, donde voy a andar, pintando. Si, pero no pintas aquí, no me engañes. No, no, estoy en Remelluri.


El señor se sonríe. Cada una de las personas que aquí se acercan me transmiten cierta admiración por Vicente Ameztoy. Llegan a veces a desbordar la propia figura del artista, mitificando su imagen, pero todos los relatos sirven para construir aunque sea a retazos la figura de un hombre entrañable. Esta exposición ha sido un evento realmente necesario para Villabona, un pueblo que conocía la parte de Vicente más ligada a lo extravagante, a una generación, la de los setenta y ochenta, que experimentaba de todas las formas posibles. Y este pueblo, me da la sensación, ha conocido la obra de ese pelirrojo que paseaba en bicicleta. Y la ha disfrutado. Esperemos que de aquí en adelante se pueda disfrutar de este trabajo más allá de las puertas de esta sala.


Leire San Martín