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Untzi Museoa

Historia istorioak

2014-02-17
Categorías: Arte, Exposiciones, Untzi Museoa, | 1 Comentarios

Duela hiru aste ireki zen Untzi Museoko aldibaterako erakusketa berria, Gipuzkoako itsasaldea artean deiturikoa. Bertan Gipuzkoako itsasaldeko paisaiaren eta portuen irudikapen grafiko eta piktorikoen bilduma zabala dago ikusgai, XVI. Mendeko irudietatik hasita gaur egungo adierazpenetaraino. Honetarako, Untzi Museoak 20 urtetan zehar egin duen ondare berreskurapena azaleratu egin da, Gipuzkoako Foru Aldundiaren eta beste erakunde ezberdinen obrekin batera. Aurrez publikoan inoiz erakutsi gabeko bilduma partikularretako lan kopuru eder batek borobiltzen du erakusketa.

Jarraian, erakusketak eskaintzen diguna lau puntutan laburbildurik:

Lehen eta orain. Txikitako argazki albumak begiratzera jartzen garenean bezala, erakusketa honi esker Gipuzkoako kostaldearen bilakaera ikusi eta jarraitu ahal dezakegu Hondarribiatik hasi eta Mutrikuraino, herriz herri, eremu geografiko honetan denboraren igaroa hautemanez.

Kostaldeko bizimoduan murgiltzea. Aipatutako bilakaera hori ez da paisaia fisikora mugatzen. Erakusketa honetarako hautatu eta bildu diren lanetariko asko ikuspegi antropologiko eta etnografikotik begiratu ditzakegu. Alegia, paisaia humanoa, geografia honetan bizi izan diren pertsonak nola bizi izan ziren: euren ohitura eta ofizioak, azken batean, itsasoarekiko zuten lotura.

(Gipuzkoako) artearen historian zeharreko bidaia. Gipuzkoaren kostaldearen lekukotza historikoa ikusiko dugu bertan. Lekukotza historiko-artistikoa, arte plastikoen dimentsio figuratiboen bidez emana eta, baita, arteak berak izan duen garapena ere, formei, estiloei eta espresibitateari dagokionean ere.

Teknika aniztasuna. Azkenik, bi solairuetan dauden irudikapen grafiko eta piktorikoak ezberdinak dira, erabilitako inprimatze eta pintura teknikei dagokionez, prozedura grafikoetan interesa dutenen gozagarri: grabatuak, litografiak, tinta txinatarra, olio pinturak, urkoloreak, guaxeak, arkatzak, pastelak,...

Ezagunak diren paisaiak atzemango ditu ikusleak, baina begiratuan ezberdinak dira denak. Horixe da erakusketa honen magia.


Oihana Leunda eta Paula Estévez



Naufragios en la costa vasca

2012-12-15
Categorías: Exposiciones, Untzi Museoa,

Muchos marineros dicen que no temen al mar, sino que lo respetan. Sin embargo creo que el auténtico miedo se queda en la orilla, con sus familias. Aunque no pueden pronunciarlo en voz alta e intentan borrarlo de sus cabezas, siempre está ahí. Este tormento se comprende y queda justificado en la exposición “Naufragios en la costa vasca” del Untzi Museoa. Pero los naufragios no solo conllevan muerte, pérdida u olvido. Entre las paredes de la sala también se perciben la esperanza, la generosidad y la valentía.

La acuarela de Laureano Gordon recoge muchos de estos sentimientos. Para empezar, nos situamos ante una paradoja: el retrato colorido y alegre de una escena trágica. En 1850, la corbeta Mariana y el bergantín Felisa naufragaron en la bahía de la Concha y muchos de sus tripulantes murieron. Los vecinos donostiarras se agolpaban en la playa para ver lo que ocurría, pero más allá de la curiosidad, ¿cómo no iban a sentirse atraídos? Para muchas de estas personas su medio de vida era el mar. Sus familiares, sus vecinos, o ellos mismos se enfrentaban cada día a este gigante incontrolable. Por eso, en la orilla se organizan algunas personas para tratar de salvar vidas.

Esta vulnerabilidad parece aún mayor cuando ocurren catástrofes multitudinarias como la galerna de 1912 que asoló la localidad de Bermeo. Entonces aparecen la impotencia y la desolación. La foto de multitud de personas en el puerto de Donosti esperando a los tripulantes del San José transmite perfectamente la agonía que viven las familias, que muchas veces viene seguida de una alegría inmensa al abrazar a los marineros que vuelven, y otras de un dolor profundo al comprobar que otros no regresan. Muchas mujeres jóvenes, ahora viudas, se quedan sin sustento, y muchos niños, ahora huérfanos, no tienen un medio de vida que les saque adelante. La resignación se lee en la cara de una vecina de Mutriku que junto a sus hijos posa en una foto tras la pérdida de su marido en la mar. Ellos son la parte olvidada en los naufragios.

El mar está repleto de misterios inexplicables que hoy en día nos siguen sobrecogiendo. En este sentido, 1912 fue un año clave, maldito. Este año tuvo lugar la desaparición del Titanic, pero más cerca, en la costa vasca, además de la gran galerna de Bermeo, se produjo el hundimiento del petrolero San Ignacio de Loyola. Este inmenso velero salió del puerto de Pasaia en dirección a los Estados Unidos, y en algún lugar del Atlántico desapareció con sus trece tripulantes sin dejar rastro. Muchos visitantes rodean la maqueta de este barco expuesta en la sala con gesto incrédulo y  sorprendido, tal vez pensando que somos demasiado pequeños ante la inmensidad del mar.

Los marineros que experimentan una galerna deben sentirse como seres diminutos que navegan en barcos de papel. La calma y la experiencia son buenos aliados, pero la suerte no siempre está de nuestro lado. El mar separa a muchas personas pero también las une. En tierra, pueblos enteros se reúnen para despedir a las víctimas, y en el Cantábrico son muchos los que se lanzan a salvar otras vidas sin pensarlo. Puede que nos resulte obvio que en esos momentos cruciales se actúe casi por inercia, pero en muchos de estos casos los que acudían al rescate de otros ni siquiera sabían nadar. Son verdaderos héroes.

Al terminar la visita, un señor con gesto amable y voz suave confiesa que realmente le ha emocionado la exposición. En realidad es imposible no hacerlo, porque detrás de cada foto y de cada imagen hay historias, pero sobre todo hay personas. Muchas han perdido la vida, pero otras han sobrevivido a una lucha desesperada contra el mar, y otras se han visto obligadas a superar la pérdida de los que más querían. Un naufragio tiene muchas caras, amargas y dulces. Quizás por eso encuentro tanto sentido en la escena colorida de un dramático naufragio que representó Laureano Gordon.


Belén de la Calle